Mostrando entradas con la etiqueta Reinos y Casas de Erodhar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reinos y Casas de Erodhar. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de julio de 2016

05 La Casa Lintari

LOS LINTARI

Blasón:

El busto de un corcel marrón sobre un fondo bicolor, rojo y verde.

Historia:

El origen de la casa Lintari es, lo menos, un enorme misterio que los propios miembros de la casa se han encargado de mantener así a lo largo de su historia. A pesar de ello, no han faltado los rumores ni las fábulas, difundidas por medio de cuentos y leyendas populares.

Algunos de estos cuentos dicen que los Lintari provienen de una larga y antiquísima estirpe de criadores de caballos del sur, antiguos Señores de las Arenas de Khoradmar, antes de la llegada de los orcos del lejano continente de Sarhamud. Otros cuentos, difundidos por peores lenguas, dicen que descienden de una estirpe igual de larga e igual de antigua como la de los Señores de las Arenas, pero de mucha peor fama; la de los ladrones y los traficantes de caballos y esclavos, cuyo poder e influencia en los bajos y no tan bajos fondos de los reinos humanos del sur, sigue siendo igual de elevada incluso en el presente.

Por último, una de las versiones más extendidas entre las altas y bajas alcurnias del reino, dicen de los Lintari que eran grandes comerciantes, y entre los productos con los que comerciaban se contaban las sedas más finas y nobles, las amatistas más bellas que el hombre era capaz de extraer de las entrañas de la tierra, y los purasangre más fuertes y resistentes que podían ofrecer los grandes domadores de caballos. Fuera cual fuera la verdad, lo único realmente conocido por todo el mundo, nobles y plebeyos por igual, es que los Lintari consiguieron cosechar una gran fortuna hacia el undécimo siglo de la Tercera Edad; fortuna gracias a la cual pudieron comprar títulos nobiliarios para todos los miembros de su casa.

La Alianza con la Casa Nomenglaus

En el año 1160 de la Tercera Edad, la casa Lintari era la más rica y famosa de todo Silverton. Tal era su fama que, a pesar de no poseer tierras propias, se les consideraba una de las familias más importantes de todo el reino, y se les invitaba continuamente a asistir a los festejos organizados por el rey Vor Nomenglaus “El Terrible”. Fue precisamente en una de estas ocasiones especiales, y coincidiendo con que el rey había repudiado recientemente a la que había sido su segunda esposa, por no haber sido capaz de darle hijos, cuando la hermana de Tulio Lintari, -el que era por aquel entonces el cabeza de familia-, Cinzia, un mujer de gran belleza y virtud, captó la atención del rey. Dicen que Vor se enamoró de ella nada más verla, y que antes de acabar el banquete había pedido la mano a su hermano Tulio, quien no dudó en aceptar la propuesta, plantando así las bases de lo que tenía toda la pinta de ser el inicio de una alianza larga y próspera entre las dos familias.

El conflicto de la Boda Real

Tan sólo medio año más tarde, la Boda Real entre Vor y Cinzia se llevó a cabo en Andorath. En el banquete de la misma estaban presentes las más grandes, importantes y poderosas familias nobiliarias del reino. Entre ellas se encontraba la casa Doncaster de Silverton, por aquel entonces la casa reinante de la provincia del mismo nombre. Su líder y señor de la provincia, Cornelius Doncaster, había acudido acompañado por su esposa y sus dos hijos: Corwin, el heredero de Silverton, y la joven y hermosa lady Alyssa.

Al igual que Cinzia Lintari conquistó al monarca con su belleza en un banquete, la de Alyssa captó la atención de otro miembro de la familia real; de nada más y nada menos que el joven príncipe Wilburn Nomenglaus, hijo de Vor y su primera esposa, y por tanto, heredero al trono de Aldaeron.

Completamente hechizado por ella, Wilburn buscó su compañía a lo largo de toda la velada, y la chica, como era de esperar, satisfizo el capricho del joven príncipe. Bailó con él, compartió vino con él y charlaron durante horas sin saber que aquello iba a tener un desenlace nada agradable. Y es que, tal fue el encaprichamiento de Wilburn para con ella, que antes de que amaneciera pidió a su padre concertar su matrimonio con el padre de Alyssa, lord Cornelius Doncaster. El rey, que estaba de muy buen humor en compañía de su nueva esposa, y debido al estado de embriaguez en el que se encontraba, accedió e hizo la proposición delante de todos los presentes en la gigantesca sala del trono del castillo dorado de Andorath, a pesar de saber que la chica ya estaba comprometida con uno de los vasallos más importantes de lord Cornelius, lord Cormac Craig, señor del castillo de Klaven, quien también estaba presente en el banquete.

La casa Doncaster eran una de las familias de nobles más antiguas y de mayor tradición en el reino (habían sido una de las doce casas nobiliarias que firmaron la unión de los distintos reinos y principados del centro de Thaldorim bajo una única bandera, la del Reino Unido de Aldaeron), y por tanto se tomaban muy en serio los acuerdos y los pactos que cerraban con otros nobles. Por ello, lord Cornelius, habiendo dado su palabra de entregar la mano de Alyssa a lord Cormac, no tuvo más remedio que rechazar la propuesta del rey. Como era de esperar, a Vor no le gustó en absoluto la respuesta de Cornelius. A pesar de que este hubiera sido de lo más cortés y afable al explicarle los motivos de su rechazo, la ira de Vor fue brutal, no por nada se le titulaba El Terrible, pues señaló con el dedo a los Doncaster, los acusó de irrespetuosos y de haber deshonrado el apellido Nomenglaus, y, por último, los expulsó de su castillo como si fueran unos vulgares plebeyos.

El ascenso al poder de los Lintari

A pesar de todas sus riquezas y su nueva posición privilegiada en el seno de la corona, (el rey le había otorgado el cargo de Gran Maestre de la Moneda), Tulio Lintari ansiaba por encima de todo poseer sus propias tierras y su propio castillo, así como gobernar algún día sobre la provincia de Silverton, cuyo valor, gracias a las grandes vendimias y granjas del sur, era incalculable.

Cuando Vor expulsó de Andorath a los Doncaster, supo que no se le presentaría una mejor ocasión que aquella para intentar hacerse con el control de la capital de la provincia. Así que el viejo zorro Lintari contrató los servicios de una compañía de mercenarios, compró la lealtad de algunos de los nobles más importantes de Silverton, como los Barrow de Castillo Barrow, los Royce de Cresson o los Ethelred de Farid, y asaltó la plaza fuerte de los Doncaster de la ciudad de Silverton; en plena noche y con una tropa menor, para tomar por sorpresa a la guarnición del castillo.

A pesar de la sorprendente y bien llevada a cabo estrategia del enemigo, lord Cornelius logró movilizar a sus tropas y defender la ciudadela durante algunas horas, hasta que comprendió que no podían ganar aquella batalla, momento en el que decidió huir junto a su hijo Corwin y su hija Alyssa por uno de los muchos túneles y pasadizos secretos que había construidos bajo el castillo. Desprovistos de su hogar, los Doncaster se refugiaron en el castillo de Klaven, con sus aliados los Craig, donde Cornelius redactó un edicto mediante el cual declaraba a los Lintari y a sus partidarios traidores. Un edicto que envió a Andorath junto con una carta para Vor, pidiendo al monarca acudir al sur con el ejército real para devolver la paz del rey a la provincia e imponer los castigos pertinentes a los insurgentes. La petición no sólo no fue satisfecha, sino que, además, el rey, persuadido por su esposa, declaró como falsas las acusaciones de Cornelius hacia los Lintari, y nombró como nuevo señor de la provincia de Silverton a Tulio.

El inicio de la Guerra por Silverton

Humillado por segunda vez en menos de un año por el rey Vor, Cornelius Doncaster maldijo a los Nomenglaus y decidió tomarse la justicia por su propia mano. Sabía que el único modo de recuperar aquello que le pertenecía por derecho era venciendo a los Lintari en combate, y para ello tenía todas las de ganar, pues aún contaba con el apoyo incondicional de aquellos señores, grandes y pequeños, que no se habían dejado comprar por el oro de Tulio. Junto a su hijo Corwin y con ayuda de lord Cormac, concertó una reunión secreta en Yeofort, el castillo de los Willhard, donde acudieron, para su grata sorpresa, más de la mitad de los nobles de la provincia de Silverton. Entre todos reunían una fuerza de más de treinta mil hombres, lo cual les entregaba una gran ventaja sobre los Lintari, cuyo ejército apenas si alcanzaba los veinte mil soldados.

Puesto que el invierno estaba al caer, el punto más importante por tratar a lo largo de la asamblea, aparte de planificar la campaña contra los Lintari, fue la de asegurar la cantidad necesaria de víveres para alimentar al ejército. Para ello resultó de gran ayuda la presencia entre sus aliados de lord Marcus Terrel, señor del castillo de Sidway y las tierras de las grandes vendimias del sur, y de lord Helmuth Wedston, del castillo de Langfort, señor de Vega Silvestre. Entre los dos dominaban las tierras más prósperas de la provincia, que producían más de la mitad del grano y la uva anual.

Tulio Lintari, por otro lado, sabía que tenía que jugar sus cartas a la perfección si quería conservar su recién estrenado título nobiliario y, sobre todo, si quería conservar la cabeza al cabo de aquel conflicto. Su mejor baza era el apoyo del rey y sus riquezas, así que gracias a ello firmó un tratado con la casa Conwell, señores de la provincia Valle del Sol, quienes les proporcionaron, a cambio de una sustanciosa cantidad de oro, los víveres necesarios para alimentar a su ejército durante al menos un año completo.

Resuelto ese dilema, a continuación las intenciones de Tulio eran las de esperar a que pasara el invierno, para después lanzar un ataque contundente contra las tropas de Doncaster y obligarlos a retroceder hacia el sur, hacia las montañas, para aislarlos y dejarlos enfrentar adversidades. Por desgracia, sus planes se vieron frustrados cuando Cornelius Doncaster hizo un movimiento de lo más ambicioso y asedió el castillo de Barrow.

Puesto que la plaza fuerte de sus aliados, los Barrow, estaba a muy pocas leguas al sur de la ciudad de Silverton, y la pérdida de la fortaleza podría significar un desastre, Lintari movilizó a sus tropas y partió para atacar a los Doncaster. Corría la primera quincena del nuevo año, un nuevo año azotado por ventiscas y nevadas constantes, cuando los dos ejércitos chocaron por primera vez. Cornelius Doncaster había esperado ese movimiento por parte de Tulio, y por tanto formaba parte de sus planes, lo que no se esperaba era que el ejército de los Lintari, formado en su gran mayoría por mercenarios, luchara del modo en que lo hizo, ni que los elementos les favoreciera a ellos. Y es que las tropas de Lintari no sólo resistieron las oleadas sucesivas de los albarderos y los lanceros enemigos, sino que lograron romper su formación, haciéndolos retroceder de manera desorganizada, lo que le permitió a Tulio enviar a su caballería para acosar los flancos enemigos y acabar con rapidez con buena parte de sus arqueros.

Cornelius tuvo que renunciar al asedio y retroceder hacía el sur, para reorganizar sus tropas y lanzar un nuevo ataque desde una posición de poder. Para ello necesitaba tiempo, así que cruzó el río Alto y posicionó a lo que le quedaba de sus arqueros en la orilla sur para que el enemigo no pudiera seguirle. Por desgracia para él, las fuertes nevadas y ventiscas dificultaban la visibilidad, y a duras penas podían ver lo que sucedía en la otra orilla del río. Tulio sabía eso, así que aprovechó la situación en su favor. Colocando su infantería en la orilla norte del río, envió a la caballería a cruzar el río por un vado situado más al oeste, y sorprendió a los arqueros de Cornelius atacándolos por detrás. Fue una masacre.

La contraofensiva

Derrotados y sin arqueros, los Doncaster y sus aliados se vieron obligados a retroceder hasta Yeofort. Por desgracia, el castillo de los Willhard no destacaba por la robustez de sus defensas, y Cornelius sabía que Tulio no dudaría en asediar la fortaleza si se refugiaban en ella, así que siguieron la orilla del Lago de Cristal hasta el castillo de Hattin. Era más grande y robusto, y contaba con las defensas necesarias para resistir un asedio de larga duración. Además, tenía fama de no haber sido conquistado nunca, lo que haría a cualquier comandante pensárselo dos veces antes de lanzar un ataque directo contra sus murallas, así que Cornelius decidió acampar allí para esperar a que finalice el invierno y se vayan recuperando sus heridos.

Tulio, motivado por su gran victoria, prosiguió hacia el oeste y se hizo rápidamente con el control del castillo de Yeofort y el Embarcadero de Klaven. Pocas semanas después obligó al castellano de lord Cormac a rendir el castillo de los Craig. Para ello no empleó la fuerza, tan sólo la amenaza de asaltar la ciudadela y pasar por el cuchillo a todos los habitantes, ya fueran hombres, mujeres o niños. El resultado de aquello fue el control de toda la zona oriental del Lago de Cristal, pues además contaba con la plaza fuerte de Cresson, el hogar de sus aliados los Royce. Lo que en un principio parecía el inicio de una guerra de larga duración, se había convertido en una guerra que estaba a punto de terminar.

La batalla de Hattin (1161 T.E.)

A Tulio le bastaba con volver a vencer a los Doncaster una vez más, y sin duda alguna la mayoría de los nobles que los apoyaban terminarían por rendirse o incluso por cambiar de bando, lo que significaría el fin de Cornelius y su hijo Corwin. Así que preparó todo para atacar Hattin en cuanto acabasen las nevadas. Sabía que era un movimiento arriesgado, por esa razón procedió con mucha cautela. Lo primero que hizo fue enviar algunos grupos reducidos de hombres para cortar las rutas de suministro de los Doncaster, y después movió su ejército hasta las cercanías del castillo de Hattin, donde levantó un campamento y puso la plaza fuerte bajo asedio.

Pocos días después de que las tropas de Tulio rodearan Hattin, las puertas del castillo se abrieron y el ejército de Cornelius abandonó la protección de sus murallas. Tulio no pudo sino celebrar aquel movimiento por parte de su enemigo, pues enfrentarlo en campo abierto era el mejor regalo que le podría haber hecho. Así que atacó a Cornelius de frente, convencido que aquel sería el final de la guerra. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que otro ejército enemigo los estaba cercando por la retaguardia. En su desesperación por derrotar a los Doncaster de una vez por todas, no había contado con la astucia de Cornelius, quien un par de semanas antes de que Tulio llegara con su ejército, había enviado a su hijo Corwin junto a la mitad de sus hombres al sur, a las montañas, donde, a marcha forzada, dieron un rodeo de varias decenas de leguas para posicionarse justo detrás del ejército de Lintari, en el pequeño pueblo de Colina Cuervo.

La batalla duró un día entero. A pesar de no poseer arqueros, Cornelius utilizó su infantería para causar estragos entre las filas enemigas. Más de siete mil de los soldados de Lintari perecieron aquel día en los alrededores de Hattin, y otros dos mil se convirtieron en prisionero antes de caer la noche.

Tulio, por otro lado, al verse rodeado y sin posibilidades de vencer, tomó una decisión inesperada. Sacrificó la mitad de su ejército, dejándolo a merced de la infantería pesada de Cornelius, y lideró la otra mitad contra las tropas de Corwin. Aquella era una estrategia de todo o nada, ya que, si no lograba romper las líneas enemigas, acabaría siendo prisionero o muerto. Por suerte para él, la fortuna volvió a sonreírle cuando sus hombres lograron herir y capturar a Corwin, lo que desmoralizó las tropas enemigas lo suficiente para atravesar sus defensas y huir con lo que le quedaba de su ejército (poco más de cinco mil hombres), de vuelta a Silverton.

Dos días y dos noches

La batalla de Hattin cambió drásticamente el curso de la guerra, y todo podría haber terminado pocas semanas después, cuando Cornelius se dirigió con sus tropas para sitiar la ciudad de Silverton. Sin embargo, en vez de obligar a Tulio Lintari a rendirse, ahora tenía que negociar con él por la vida de su hijo Corwin.

Como era de esperar, Tulio se aferró a esta última baza para ganar tiempo. Su ejército estaba en clara inferioridad numérica, así que amenazó a Cornelius con cortar la cabeza de su primogénito si asaltaba la ciudad. Cornelius, por otro lado, prometió a Tulio perdonar su vida y permitirle marchar en el exilio, si rendía la ciudad pacíficamente y dejaba libre a su hijo. Le otorgó dos días y dos noches para pensar en su oferta y tomar una decisión. Al alba del tercer día, si rechazaba su propuesta, atacaría la ciudad y mataría sin piedad a Lintari y a todos sus aliados, siendo el castigo para Tulio aún peor que la mera muerte, si se atrevía a hacerle daño a Corwin.

Tulio se pasó los dos días y las dos noches en vela, reflexionando sobre lo que debía hacer, y lamentando por haber llegado a verse metido en esa situación. A pesar de sus dudas, había una cosa que tenía clara. No podía rendirse, no podía perder todo lo que había ganado, así que ordenó a sus hombres construir una pira en lo alto de la muralla, y mandó a atar a Corwin a ella. Cuando rompió el alba y Cornelius acudió para escuchar la decisión de Tulio, vio a su hijo en lo alto de la pira, atado a una estaca y rodeado por cuatro hombres armados con antorchas. Tulio estaba apoyado en el matacán de la muralla, con una sonrisa en los labios.

“—Así que has elegido la muerte para ti y para tus hombres —le dijo Cornelius con rabia, al ver aquello.
—He elegido vivir —le contestó Tulio, sin perder la sonrisa—. Y te ofreceré la misma elección a ti. Planta rodilla ante mí, reconoce mi soberanía sobre la provincia de Silverton, y júrame vasallaje. A cambio dejaré con vida a vuestro hijo y os permitiré marcharos. Seguiréis siendo nobles, pero no tendréis tierras. Tenéis dos días y dos noches para decidiros.”

Cuando Tulio se hubo marchado de la muralla, Cornelius regresó a su campamento, reunió a sus aliados y les pidió su opinión. No hubo ni uno que le aconsejara dejar morir a su hijo, pero tampoco le incitaron a hacer lo contrario, así que fue Cornelius, y sólo Cornelius, quien tuvo que tomar la decisión. La más difícil de toda su vida.

Al día siguiente desplegó su ejército y atacó la ciudad.

El príncipe y la reina

Sorprendido por la decisión que había tomado Cornelius, Tulio se dispuso para defender las murallas de la ciudad, y estuvo a punto de ordenar a sus hombres quemar vivo a Corwin, cuando unos cuernos de guerra resonaron en la lejanía. Poco después hizo su aparición en lo alto de la colina adyacente a la ciudad, un ejército que portaba los estandartes del rey: cuatro mil caballeros de la Guardia de Honor, quince mil infantes y seis mil arqueros. El ejército real completo.

Al frente del ejército iba, además del príncipe Wilburn, la reina Cinzia, así que Cornelius comprendió al instante que aquel ejército no estaba allí para intervenir por su causa. Al contrario, estaba allí para acabar con los Doncaster y asegurarse que los Lintari ganaban la guerra. De modo que no le quedó más remedio que reconocer su derrota. Acudiendo ante la muralla donde estaba Tulio, se arrodilló reconoció a los Lintari como los nuevos señores de la provincia de Silverton. Después les juró vasallaje.

Desde entonces y hasta el día de hoy, los Lintari han sido los nuevos señores de la provincia de Silverton. Los Doncaster, aunque humillados y desprovistos de todo su poder e influencia, lograron recuperarse con el paso de las décadas. Construyeron un nuevo hogar para sí mismos, un castillo al que llamaron Bellefort, y en el presente son la segunda casa más poderosa de la provincia de Silverton, después de la casa Lintari.

Actualidad:

Familia de LORD MARCO LINTARI, señor de la Provincia de Silverton desde el año 1442 de la Tercera Edad.

—Su esposa, [LADY ARIENNE] de la casa Barrow, muerta por enfermedad en 1444, a la edad de treinta y dos años.

—Su hija, LADY AERYN, de veintidós años, es la heredera de Silverton.

—Su madre, LADY RIHIELLE, de la casa Rew, de sesenta y nueve años.

—Hermanos:
—JONES, de cuarenta y dos años.
—MARGE, de cuarenta años.
—JAIME, de treinta y siete años.

—Sobrinos:
—Por parte de Jones:
—ROWLAND, de quince años.
—LORA, de doce años.
—Por parte de Marge:
—MELBA, de catorce años.
—MARLEEN, de doce años.
—Por parte de Jaime:
—LYN, de dieciséis años.
—SHARLEEN, de diez años.
—ALYSSA, de ocho años.

Árbol Genealógico
(1200 - 1457)
Link: http://sia1.subirimagenes.net/img/2014/08/13/140813095427657802.jpg

SI TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO COMPÁRTELO Y SÍGUEME

lunes, 1 de febrero de 2016

04 La Casa McOrswell


LOS McORSWELL




Blasón:

Un guantelete de acero con el puño cerrado. Dos, mirando en direcciones opuestas en el caso de la bandera.

Historia:

Dicen los McOrswell que una nación es tan poderoso como lo es su rey, y un rey puede llegar a ser muy poderoso o muy débil, en función del modo por el que lidera a su pueblo. Por eso, para que su reino sea próspero, sólido y temible, lo ha de gobernar con puño de hierro. Quizás si ésta noble y antiquísima casa hubiera seguido estos valores desde sus inicios, su historia habría cobrado importancia mucho antes del cuadragésimo octavo siglo de la Segunda Edad, cuando una horda de bárbaros del este asediaron la capital del pequeño reino de Siddgeir, y cambiaron el destino de los McOrswell para siempre.

Corría el año 4744 S.E cuando comenzaba en Siddgeir el reinado de un hombre llamado Grolding McOrswell, hijo de Groldan y de Mara. El joven Grolding había heredado de su padre un reino de poca extensión pero extremadamente próspero, pues estaba situado en el centro de Thaldorim (en la zona de lo que hoy en día conocemos como el bosque de Siddgeir, que separa las provincias de Whallrim y Silverton), y por tanto por sus tierras fluía todo el tráfico comercial entre las más de quince naciones que existían en la zona por aquel entonces.

Grolding mostró, desde el primer momento que ocupó el trono de su padre, la clase de rey que sería. Uno preocupado más por disfrutar de los placeres que la vida en la corte ofrecía, tales como asistir a grandes y suntuosos festejos o pasar las noches en buena compañía femenina, que de intentar mejorar la situación del reino y ampliar sus fronteras. Desde un principio Grolding dejó bien claro que su única ambición era la de que las cosas no fueran peor que durante el reinado de su padre. Hay quienes dirían que aquello habría sido más que suficiente, pues los veintiún años que el rey Groldan gobernó sobre Siddgeir fueron años de bonanza, de paz, de seguridad..., sin embargo, la razón por la que el reinado de Groldan McOrswell se caracterizó por una época tan próspera, se debió sobre todo a que el rey, a parte de un buen gobernante, era un guerrero tenaz, astuto como estratega y líder nato. Bajo su mando, el ejército de Siddgeir era lo suficientemente poderoso para que los enemigos se mantuvieran bien alejados de las fronteras del reino. Y es que Siddgeir tenía muchos enemigos, sobre todo en las fronteras del este, donde los clanes de las montañas de Rhodas ansiaban las riquezas de los McOrswell...

Grolding, por el contrario, no había heredado ninguna de las habilidades de su padre, y al no preocuparse en adquirir, aunque sea algunas, durante su juventud, al cabo de tan solo año y medio desde que le pusieron la corona sobre las sienes, los enemigos del reino de Siddgeir ya estaban afilando los cuchillos y haciendo planes de guerra.

La invasión del caudillo Glammer

A los dos años de la coronación de Grolding, una horda de bárbaros procedentes del este, de las montañas de Rhodas, invadieron el territorio oriental de Siddgeir y empezaron a saquear y quemar algunas ciudades pequeñas y aldeas fronterizas. Liderados por el caudillo Glammer, en pocas semanas lograron infundir el terror entre los habitantes de Siddgeir, quienes suplicaron al rey tomar cartas en el asunto de inmediato. Grolding, a pesar de no tener la más mínima intención de iniciar una guerra larga y costosa contra los bárbaros (le salía mucho más rentable dejar que siguieran saqueando las aldeas fronterizas, y enviar hombres de armas para proteger las rutas comerciales principales) decidió enviar a la mitad de su ejército (unos 5000 hombres) bajo el mando de su primo Herbert para enfrentar a los invasores y echarlos de sus tierras. Aquello resultó ser un gran error pues, tan sólo un mes y medio más tarde, tras cometer Herbert la estupidez de perseguir a los bárbaros hasta terreno desfavorable para grandes ejércitos, y favorable para pequeños destacamentos, Glammer destrozó a las tropas siddgeirinas, y, tras juntar fuerzas con otros dos clanes de las montañas, marchó para asediar Oksribe, la capital del reino de Siddgeir.

El asedio se inició en el verano del 4747 S.E, y tan solo duró tres semanas. La pésima preparación de las defensas y el mal uso de la ventaja que otorgaban los muros de la ciudad, permitieron a los bárbaros penetrar en Oksribe como agua entre las rocas, y masacrar a todo hombre, mujer y niño que apareciese en su camino. Grolding fue hecho prisionero y, a los pocos días, decapitado por Glammer en persona, según dicen. Los únicos que lograron escapar fueron su esposa, la reina Gertrud, y sus dos hijos, Garel y Tregm, de doce y diez años, respectivamente.

La corte de Henselt y la alianza con Whallrim

Tras haber perdido su reino y todas sus posesiones, Gertrud, junto con sus hijos y dos fieles caballeros, huyeron al norte, donde fueron acogidos en la corte de Henselt Penrough, rey supremo del Reino de Whallrim. Allí permanecieron bajo su protección durante los próximos años, tiempo durante el cual la noble, y aún hermosa reina, aprovechó para ganar la simpatía del monarca, cuya esposa estaba demasiado enferma para atender sus necesidades. Al cabo de los años, cuando la reina de Whallrim murió, Gertrud ya había embelesado por completo a Henselt, así que no le costó lo más mínimo ocupar el lugar de su difunta esposa, y convertirse una vez más en reina.

Sus hijos, por otro lado, ansiaban recuperar de las manos bárbaras aquello que les había sido arrebatado, así que, durante años, insistieron a Henselt que reuniera sus soldados y marcharan sobre Siddgeir, intentando hacerle ver que tarde o temprano los bárbaros también atacarían Whallrim, y que lo mejor que podían hacer era adelantarse a ellos, antes de que su poder creciese demasiado. Tras toparse, una y otra vez, con el rechazo del monarca, quien no deseaba atacar a un enemigo que hasta el momento no había mostrado signos de querer invadirlos, todo cambió cuando Gertrud y Henselt se casaron, y ella se aprovechó de sus encantos para hacer que el rey cambiase su decisión.

Casi una década después de la caída de Oksribe, que ahora no era más que un montón de ruinas, un ejército de diez mil soldados, dirigidos por Henselt en persona y sus dos hijos y herederos, se adentraron en el bosque de Siddgeir e iniciaron lo que algunos llamaron como reconquista. Glammer, quien llevaba algunos años sin combatir un enemigo digno, aceptó el desafío de Henselt y reunió a los clanes de las montañas de inmediato. El enfrentamiento entre los dos bandos no tardó en producirse. Fue en un campo cercano al castillo de Cornwell, en la zona sur del reino donde, a pesar de los esfuerzos del rey Henselt y de la superioridad numérica de sus tropas, no logró vencer a los bárbaros. Al contrario, la derrota no fue el único precio que pagó aquel día, pues uno de sus hijos, el primogénito, recibió un flechazo que atravesó su garganta y lo mató al instante, mientras que el otro fue capturado y mutilado (le cortaron ambas manos y la lengua) antes de ser puesto en libertad y enviado de vuelta con su padre. Para Henselt el resultado de aquella campaña fue un golpe terrible, un verdadero desastre, así que regresó a su reino, hundido por la pérdida de su amado hijo y por el sufrimiento de su nuevo heredero, al verle mudo y sin manos. Durante más de dos años no quiso ni escuchar hablar acerca de los bárbaros, o acerca de volver a intentar conquistar Siddgeir. Simplemente hundió sus penas en el alcohol y la soledad.

Balgard: un nuevo hogar

Tras la derrota que sufrieron Henselt y su ejército en Cornwell, los McOrswell comprendieron que estaban condenados a no volver a recuperar su reino. Garem y Tregm se vieron obligados a aceptar su aciago destino, y renunciar a sus derechos sobre Siddgeir. Al menos de momento, pues si una cosa estaba clara, era que, tarde o temprano, cuando se hartaría de llorar por lo que había perdido, el rey buscaría venganza contra los bárbaros, y tal vez entonces tendrían otra oportunidad.

Entretanto, y sobre todo gracias a la influencia de su madre, ambos fueron nombrados caballeros de Whallrim, y dos años más tarde, el rey Hanselt en persona les otorgó títulos nobiliarios y el feudo de una pequeña región situada al norte del lago Stegna.

Aunque nada comparado con la grandeza de sus tierras perdidas a manos de los bárbaros, Stegna se convirtió en el nuevo hogar de los McOrswell, donde iniciaron la construcción de un castillo digno de su casa. El deseo de los dos hermanos era recuperar algo de la gloria pasada, lo que los llevó a diseñar un castillo como ningún otro que se había construido jamás. Se trataba de una fortaleza gigantesca e inexpugnable, con torres tan altas que pudieran acariciar las nubes del cielo, y con muros tan gruesos e imponentes que no hubiera catapulta capaz de derruirlos. Para ello escogieron un lugar estratégicamente perfecto, en lo alto de un peñasco formado por una serie de riscos altos y abruptos, situado a orillas del lago Stegna. De ese modo tan sólo quedaba una pequeña porción de tierra por donde se podría llevar a cabo un posible ataque enemigo. 

El problema de construir una fortaleza así, era el coste extremadamente elevado, y que las tierras de Stegna no podían cubrir con los beneficios anuales que otorgaban. Fue por esa razón que los McOrswell tuvieron que conformarse con edificar, para empezar, tres torres unidas por una muralla; las llamadas Torre del Lago, la cuarta más alta a día de hoy, la Torre de la Guardia y la Torre Baja. Si bien la primera fue en la que los McOrswell establecieron su residencia, segunda se convirtió en el hogar de la guarnición, y la tercera la de los criados, los mayordomos y los caballerizos. Aunque después de aquello el castillo tardaría siglos en completarse, la construcción de la gran fortaleza de Balgard, el castillo más imponente del Reino Unido de Aldaeron en la actualidad, había comenzado.

Las Cuatro Guerras Relámpago

Hacia los últimos años de su vida, el rey Henselt buscó vengarse de los bárbaros que habían asesinado a uno de sus hijos y mutilado al otro, lo que una vez más trajo esperanza para Garem y Tregm McOrswell de que al fin recuperarían lo que les pertenecía por derecho. Sin embargo, una vez más, Glammer y, tras su muerte en el 4772 S.E, su hermano Glorim, lograron rechazar los intentos de invasión, que se contaron hasta un total de cuatro en un periodo de apenas tres años. En la última de ella, llevada a cabo en el otoño de 4773 S.E, el rey Henselt falleció tras recibir una flecha en un ojo, en la batalla de Puente Roto, a los 69 años de edad, dejando el reino en una situación comprometida, sin un heredero lo suficientemente poderoso para enfrentar a las poderosas hordas de bárbaros que, tras derrotar en tantas ocasiones a los Whallrim, habían decidido dirigir sus miradas hacia el norte.

El dilema de la corona

El hijo mutilado de Henselt había muerto el 3768 S.E, dos años antes de la primera guerra relámpago contra los bárbaros de Rhodas, y la ley prohibía a sus hijas, Marta y Erune, heredar la corona habiendo, del matrimonio con Gertrud, otros dos hijos varones. El problema era que uno tenía apenas siete años, y aún tendrían que pasar muchos años antes de poder sentarse sobre el trono y combatir a los bárbaros, mientras que el otro, de doce, era muy debilucho y sufría constantes ataques de epilepsia, lo que lo mantenía la mayor parte del tiempo postrado en una cama.

A parte de herederos por línea directa, el rey tenía dos primos por parte de madre, y uno por parte de padre. Los tres eran barones con tierras y suficiente poder para reclamar el trono, pero ello habría implicado una disputa interna que en ese momento, con los bárbaros a sus puertas, Whallrim no se podía permitir. Fue así como la reina Gertrud tomó una decisión muy importante. Tras anular los matrimonios de Erune con su marido, y el de Garem con su esposa, les hizo casarse y nombró Regente de Whallrim al que era su primogénito. El objetivo de aquello era que Garem gobernase sobre Whallrim hasta que su otro hijo de siete años alcanzase la mayoría de edad. Para ello, debían sobrevivir a la amenaza que suponían los bárbaros.

Las derrotas de Glorim

El fracaso de las campañas militares de Henselt contra los bárbaros de Rhodas, les enseñó a estos las debilidades del ejército de Whallrim. Deseoso de alcanzar la misma gloría que había obtenido su hermano Glammer al conquistar el reino de Siddgeir, Glorim reunió un ejército de doce mil guerreros e invadió Whallrim por el sureste, poniendo rumbo hacía Roble Blanco, la capital, en la primavera del año 4775 S.E. Garem, que ya había vivido aquello dos décadas atrás, cuando Glammer arrasó la capital de Siddgeir, sabía que no podían permitir a los bárbaros rodearlos y encerrarlos en una ciudad que no poseyera unas defensas adecuadas, para luego masacrarlos como hicieron en Oksribe. Así que tomó una decisión arriesgada. Primero evacuó la capital, enviando a la población a refugiarse en Wellsbury, y después, al mando de su ejército, se retiró hacía el oeste. Los bárbaros entendieron aquello como un acto cobarde por parte de Garem, quien prefería huir a quedarse a combatir, por esa razón, antes de perseguirlos, Glorim marchó sobre Roble Blanco e incendió la ciudad. Ante aquello, muchos de los nobles exigieron a Garem dar media vuelta y atacar a los bárbaros para vengarse por lo que habían hecho, pero este no dio su brazo a torcer y siguió con su marcha hacia el oeste, rodeó el lago Stegna hasta llegar a Balgard, y allí estableció sus defensas junto con su hermano Tregm.

Considerada por muchos una ratonera más que una fortaleza, y a pesar de que la construcción del castillo estaba lejos de haber terminado, Garem se empecinó en enfrentar al enemigo allí. Glorim, quien sabía que si lograba conquistar Balgard, prácticamente tendría todo Whallrim a sus pies, envió su ejército contra los muros de la fortaleza. Tan sólo necesitaban romper el portón y la superioridad numérica haría el resto, sin embargo, el portón resistió, los bárbaros cayeron por millares y sufrieron una derrota por primera vez en dos décadas. Glorim regresó a Siddgeir con el rabo entre las piernas.

La venganza de Whallrim y los McOrdwell

Respaldados por los nobles de Whallrim tras haber salvado al reino, Garem y Tregm persiguieron a Glorim hasta el mismísimo corazón de Siddgeir, donde volvieron a vencerle, y hasta las montañas de Rhodas. Allí enfrentaron a los bárbaros en dos ocasiones más. Si bien en la primera Glorim escapó, buscando refugio con unos parientes en el Valle de los Cien Lagos, en la segunda no tuvo tanta suerte, y tras ser capturado, Garem ordenó a sus hombres decapitarle y quemar sus extremidades.

El Gran Reino de Whallrim

Habiendo recuperado sus tierras de manos de los bárbaros, los McOrswell se convirtieron de la noche a la mañana en una de las casas más poderosas y famosas del centro de Thaldorim. La región de Siddgeir fue anexionada al Reino de Whallrim, con Tregm como su señor. Garem, por clamor popular y deseo de los nobles, fue coronado rey supremo en el 4777 S.E, a pesar de que legalmente los verdaderos herederos eran los hijos de Gertrud y Henselt, y Balgard se convirtió en la nueva capital. Garem también decidió reconstruir la ciudad de Roble Blanco, para honrar de algún modo la memoria del difunto Henselt, quien al fin y al cabo le había acogido a él, a su madre y su hermano, cuando lo único que les quedaba era su vestimenta.

El Reino Unido de Aldaeron

Cuando la Guerra de los Titanes estalló, Garem, a sus 61 años de edad, cayó enfermo de gravedad, y a los pocos meses murió sin descendencia varonil. Tregm McOrswell fue coronado rey en su lugar, y acudió en el 4800 S.E al concilio convocado por Valorian Nomenglaus, y el Reino de Whallrim se unió a La Gran Alianza Nórdica que enfrentó a Valanor el Nigromante. Tras terminar la guerra, en el Concilio de Alto Avlen, Tregm fue uno de los reyes que renunciaron a su corona y firmaron el tratado mediante el cual nació El Reino Unido de Aldaeron.


Actualidad:

Familia de LORD WAYMAR III MCORSWELL, señor de la Provincia de Whallrim desde el año 1428 de la Tercera Edad.

—Su esposa, LADY ELFRIDA de la casa Heill, de cuarenta y nueve años.

—Sus hijos:
—WAYMAR El JOVEN, de treinta y un años, es el heredero de Whallrim.
—WARREN, de veinticinco años.
—PATREK, de veintitrés años.
—MARGARETTE, de veinte años.
—CHARLOTTE, de dieciséis años.
—HUGH, de trece años.
—AGATHA, de once años.
—HAROLD, de nueve años.

—Hermanos:
—RICHARD, de sesenta años.
—[CEDRIC], muerto en la batalla de Anghedor, en 1445, a los cuarenta y cuatro años.
—ELTHORN, de cincuenta y dos años.
—ISABEL, de cuarenta y seis años.

—Nietos:
—Por parte de Waymar:
—WAYMAR, de doce años.
—GUY, de siete años.
—ETIEN, de cinco años.
—ELFRIDA, de cuatro años.
—Por parte de Warren:
—ASURA, de seis años.
—[BALDWIN], muerto al nacer.
—[ELVIRA], muerta al nacer.
—Por parte de Patrek:
—Waymar, de tres años.
—Wylla, de un año.

—Sobrinos:
            —Por parte de Richard:
                        —AYRTON, de treinta y dos años.
—ANAIS, de veintinueve años.
—GWEN, de dieciocho años.
—Por parte de Elthorn:
—GLENN, de veintitrés años.
—GEOFFREY, de veinte años.

Árbol Genealógico
(1296 - 1457)
Link: http://sia1.subirimagenes.net/img/2014/07/28/140728075009176979.jpg

SI TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO COMPÁRTELO Y SÍGUEME

miércoles, 30 de diciembre de 2015

03 La Casa Ribedwald



LOS RIBEDWALD


Blasón:

Una ciudadela plateada sobre un fondo azul celeste.

Historia:

Los inicios de la casa Ribedwald se remontan al siglo 24 (alrededor del 2300), de la Segunda Edad, una época marcada por las innumerables guerras entre elfos y humanos. Por aquel entonces los Ribedwald eran una simple casa menor que rendía pleitesía a los Sindar, la casa reinante del Reino de Sindoria. Su hogar era la pequeña ciudad de Tisbury, -situada en el extremo noroeste del reino, cerca del bosque de Fargir-, y cuyo sustento se debía sobre todo a una enorme cantera que surtía al resto del reino con las piedras necesarias para levantar nuevas ciudades y castillos.

Durante casi un siglo, el único deber de los Ribedwald fue el de velar por la seguridad de la cantera y asegurar la extracción de la piedra que los Sindar requerían para erguir sus fortalezas, pero con el paso del tiempo se convirtieron en mucho más. Aprendieron el oficio de la arquitectura y pasaron de extraer la piedra a moldearla y emplearla para levantar edificios. Fue entonces cuando comenzó realmente el ascenso de la casa Ribedwald, con el nacimiento de Declan el Constructor en el año 2423 de la Segunda Edad, famoso por diseñar y erigir algunas de las construcciones más bellas, sólidas e imponentes del Reino de Sindoria.

Entre las más importantes destacan, sin duda, la construcción de la Torre Negra de Ashfort (2447 S.E); la construcción de los puentes de Vado Ashwick (2455 S.E), Vado de Piedra (2456 S.E), Vado de la Bruma (2458) y Vado Carmesí (2459); la reconstrucción del castillo de Sindor (2470 S.E), capital del Reino de Sindoria en aquel entonces; la construcción de la muralla de Tisbury (2476 S.E); y el diseño de la Catedral de Fiorencia (2480). Aunque esta última no logró ver, ya que murió al año de que se iniciara la construcción, su nieto Dorian logró terminarla setenta años más tarde.


La Primera Invasión de los Hildar


Región de Sindoria 2430 S.E


Hacía el año 2430 de la Segunda Edad, el Reino de Sindoria se extendía desde las orillas del río Brazo Sur hasta el desierto de Anun´Parth, y desde el bosque de Elodriel hasta la cuenca del río Dondarrión. La supremacía de los Sindar era por aquel entonces innegable, ya que regían un reino próspero, sólido y extenso, sin embargo, en el este había un reino igual de poderoso e igual de próspero, con grandes planes de conquista: El reino elfo de Hildar.

Durante las décadas anteriores los Hildar y los Sindar se enfrentaron en varias ocasiones, pero nunca fueron más allá de simples refriegas y saqueos a lo largo de la frontera que separaba los dos reinos. No hasta el año 2436 de la Segunda Edad, cuando un ejército de 20.000 elfos liderados por su propio príncipe y heredero al trono, Magwyn Hildar, invadió el Reino de Sindoria y quemó la ciudad de Shirwell. Aquel acontecimiento desencadenó La Primera Invasión de los Hildar, que duraría casi 20 años, y que terminaría tras la batalla de Sindar en el año 2454 de la Segunda Edad.

Aunque lograron vencer a los Hildar, obligando a Magwyn a regresar a la capital del reino, Gromhildar, con el rabo entre las piernas, la situación en la que se encontraban los Sindar al cabo de la guerra era una muy desagradable. La guerra había dejado a su paso un gran número de muertos, muchas ciudades quemadas, y la propia capital estaba en ruinas. Las arcas del reino habían quedado vacías y el comercio tardaría mucho tiempo en reanudarse, así que lejos de celebrar el haber expulsado a los invasores, los sindorianos se prepararon para enfrentar una época de escasez y más muerte.

Por muy mal que estuvieran las cosas durante los años siguientes, no todos los sindorianos lamentaron aquella situación, pues resultó ser de lo más fructífera para los Ribedwald. Aunque su feudo era uno humilde -tan sólo habían aportado 100 hombres de armas a la contienda y varios carros de grano-, la fama que había cosechado Declan como constructor al levantar la Torre Negra de Ashfort, llamó la atención del rey Higor Sindar, quien le encargó la reconstrucción del castillo de Sindor. Declan no dejó escapar esta gran oportunidad que se le había presentado, y fue mucho más allá. Convenció al monarca de que la reconstrucción del castillo podía esperar, y que la clave para levantar la economía del país residía en construir carreteras que permitiera a los comerciantes desplazarse más rápido, y vados sobre el río Dondarrión y sus afluentes que permitiera comerciar con los reinos situados al norte y este de Sindoria. A falta de otras ideas mejores por parte de sus consejeros, Higor decidió seguir los consejos de Declan, y en pocos meses empezaron a verse resultados.

Gracias a la construcción de vados y carreteras el comercio volvía a funcionar después de mucho tiempo, llenando las arcas reales y permitiendo así iniciar la reconstrucción del castillo de Sindor. Declan decidió, no solo reconstruirlo tal cual había sido, sino mejorar su diseño y sus defensas de tal modo que, en caso de un segundo asedio, no resultara tan fácil caer en manos enemigas. Aquello aumentó su reputación, que ya había alcanzado cuotas muy elevadas ante los ojos del rey, y fue nombrado Gran Maestre Constructor del reino y Primer Consejero Real. De ese modo los Ribedwald pasaron de ser una pequeña y modesta casa nobiliaria, a ser una de las casas más importantes, ricas e influyentes del reino de Sindoria.

La Segunda Invasión de los Hildar

Derrotado y humillado, Magwyn Hildar regresó ante su padre cabizbajo, desenvainó su espada élfica y se la ofreció al rey junto con su vida. Tal y como dictaba la tradición de los elfos, se merecía morir como castigo por su derrota ante los Idh´Sahar, como llamaban a los humanos en su idioma, pero el rey no estaba dispuesto a asesinar a su único hijo, con su propia espada, así que en vez de decapitarle decidió perdonarle y restituir sus títulos. Aquello enfureció a Magwyn, quien lejos de considerarlo una bondad lo consideró una ofensa, una humillación. Llamó cobarde a su padre, le dijo que era indigno de ser rey, y empleó la misma espada que le había entregado y le había sido devuelta, para matarle. Después ocupó su trono.

Aunque no había nada que Magwyn deseara más que volver a invadir Sindoria y obtener venganza contra los humanos, tras convertirse en rey se vio obligado a enfrentar la cólera de Aldegman, rey de Daelniar y hermano de su difunto padre, quien quería vengar la muerte de su hermano y arrebatarle el trono a Magwyn. Este conflicto tuvo a los elfos de Hildar y Daelniar inmersos en una serie de guerras largas y sangrientas durante varias décadas, tiempo que Sindoria aprovechó para recuperarse del todo, y los Ribedwald para seguir aumentando sus riquezas y su influencia dentro del seno de la corona. Los descendientes de Declan construyeron más vados y castillos, irguieron estatuas, templos y catedrales, y durante casi un siglo y medio Sindoria prosperó. El mal causado por los elfos quedó en el olvido, pues ninguno de los hombres que lo habían sufrido seguía ya con vida.

Hacía el año 2595 de la Segunda Edad, habiendo derrotado y matado a su tío Aldegman, Magwyn al fin podía volver a dirigir su atención hacía el Reino de Sindoria. Esta vez, sin embargo, decidido a esperar y preparar con cuidado la invasión. La edad y la experiencia de las guerras pasadas le habían vuelto mucho más cauto y concienzudo, así que no se puso en marcha hasta asegurarse tener las fuerzas suficientes para derrotar a los sindorianos. Fue en la primavera del 2601 de la Segunda Edad cuando inició su guerra; la definitiva; La Segunda Invasión de los Hildar.

Corría el segundo año de reinado de Ainur Sindar, un rey muy joven y enfermizo, cuando las tropas de Magwyn invadieron Sindoria por el suroeste, donde atacaron y quemaron varias aldeas. El ejército sindoriano acudió de inmediato al encuentro del enemigo, y hacia finales de año los enfrentaron en la batalla campal de Fidrock. Aunque Magwyn tenía menos de la mitad del ejército que tenían los humanos, (cerca de 30.000  soldados), los elfos pelearon como nunca aquel día y vencieron, obligando al rey Ainur dar media vuelta y retirarse a Sindar con los supervivientes.

Aquella victoria tan aplastante le dejaba a Magwyn el camino libre hacía Fiorencia, así que, tras pasar el invierno en Gromhildar, su ejército se plantó ante los muros de la ciudad más grande e importante de Sindoria y la puso bajo asedio. El rey Ainur había aprovechado el invierno para reagruparse y rehacer su ejército, de modo que con la llegada de la primavera estaba preparado para marchar hasta Fiorencia y volver a atacar a Magwyn, como exigían los demás nobles. La importancia de la ciudad dentro de la economía del reino era vital, y no podían permitir que cayera en manos de los invasores, sin embargo, el Primer Consejero del rey, Reimund Ribedwald, el bisnieto de Declan, tenía otros planes. Famoso por su astucia más que por sus conocimientos como constructor, ofreció al rey una alternativa inesperada e intrépida que Ainur no dudó en aceptar, pues al igual que sus antecesores confiaba ciegamente en los Ribedwald y sus consejos. Así pues, muy a pesar de las quejas del resto de nobles, el rey otorgó el mando supremo del ejército a Reimund, quien se lo llevó de inmediato hacía el suroeste; hacía Gromhildar. Su plan era asediar la ciudad y obligar a Magwyn a tomar una decisión. O bien abandonar Fiorencia y regresar a casa para atacarlos, o arriesgarse y seguir donde estaba, en cuyo caso Reimund podría conquistar su capital y asestar un duro golpe a los elfos. Magwyn prefirió no arriesgarse, así que, muy a su pesar, levantó el asedio de Fiorencia e impuso la marcha forzada a sus tropas para regresar a casa.

La Batalla de Gromhildar

Corría el verano del 2602 de la Segunda Edad cuando el ejército de Hildar, dirigido por Magwyn, y el ejército de Sindoria, dirigido por Reimund, se enfrentaron en la batalla de Gromhildar. Esta vez había un mayor equilibrio de tropas que en la batalla de Fidrock. Ambos bandos poseían alrededor de 25.000 guerreros, pero el ingenio y la astucia de Reimund fueron, una vez más, vitales.

Tras permitir a las tropas de Magwyn situarse cerca de la ciudad, algo que había provocado el enfado y las críticas de los demás nobles, ya que de ese modo el rey elfo contaba con el apoyo de los soldados de Gromhildar, a parte de los que llevaba con él, se situó en la orilla norte del río Brazo Sur, justo en una de sus amplias curvaturas. De ese modo exponía sólo la vanguardia y uno de sus flancos al ataque de los elfos, pero en caso de un ataque quedaba atrapado.

Al ver aquello, Magwyn celebró la estupidez de los humanos y ordenó a sus tropas el ataque total. La batalla de Fidrock había enseñado a los elfos que eran superiores en el combate cuerpo a cuerpo, de modo que sólo tenían que atacar de frente al enemigo y masacrarlos hasta el último hombre.

Sin duda alguna el resultado habría sido aquel, si los sindorianos no contaran con la astucia de Reimund. La noche anterior al ataque envió una tropa formada por cuatro mil caballeros a esconderse en el bosque de Elodriel, ordenándoles permanecer allí hasta que comenzase el ataque, y por la mañana envió a sus mejores arqueros, cerca de tres mil hombres, a escalar los muros de la ciudad con cuerdas y tomarla. Como era de esperar, Magwyn se había llevado hasta el último soldado para atacar a los sindorianos, dejando sólo una pequeña guarnición en la ciudad, que los arqueros aniquilaron sin problemas.

Al día siguiente los elfos atacaron de frente y sin contenerse, rompiendo con sus lanzas y espadas las filas del ejército de Sindoria. La victoria parecía asegurada desde antes de que comenzara la batalla, pero los jinetes que había escondido Reimund en el bosque acudieron hacía el mediodía y cargaron contra el flanco izquierdo y la retaguardia de las tropas de Magwyn, causando estragos y sembrando el caos entre sus filas. Furioso por no haber previsto ese movimiento por parte del enemigo, el rey elfo ordenó a sus tropas retirarse hacia la ciudad, para reagruparse, pero cuando llegaron al portón este no se abrió. En cambio, tres millares de flechas llovieron sobre ellos desde las murallas, al mismo tiempo que la infantería de Reimund los acorralaba. Casi 20.000 elfos perecieron aquel día. Magwyn recibió una flecha en el costado, pero logró escapar y huir hacia las montañas de Daelniar junto a poco más de cinco mil de sus soldados.

El Primer rey Ribedwald

Con la conquista de Gromhildar y el rey Magwyn huyendo, La Segunda Invasión de los Hildar había acabado tan sólo un año y medio después de comenzar. Un gran alivio para los sindorianos que conocían su historia y sabían que la primera había sido una contienda de casi veinte años.

Reimund se convirtió tras la batalla, como era de esperar, en Reimund el Astuto, héroe del pueblo sindoriano. Aquello disgustó a algunos nobles e impresionó a muchos otros, al reconocer la gran victoria que había obtenido gracias a su plan. Como recompensa, el rey Magwyn otorgó el feudo de la ciudad de Gromhildar y sus tierras a la casa Ribedwald, cuya pequeña ciudad de Tisbury, a pesar de haber aumentado bastante en los últimos años, se había quedado en un lugar demasiado modesto para ser el hogar de una casa nobiliaria tan importante. Lo que había empezado siendo una simple familia de mineros extractores de piedra, se había convertido trescientos años después en una casa que estaba a la altura de los Sindar en cuanto a poder, fama y riqueza. Aunque aquel no iba a ser el final de su ascenso, pues lo único que competía con la astucia de Reimund, era su ambición, y lo que Reimund deseaba realmente era el trono de Sindoria.

Cinco años después, el estado de salud del rey Ainur seguía siendo precario, y puesto que su esposa no lograba darle hijos, y sus hermanos habían muerto muchos años atrás, Reimund vio la oportunidad perfecta para alcanzar su sueño. Sabía que si el rey moría sin heredero, los nobles más influyentes afilarían sus cuchillos y daría comienzo una guerra civil, así que dedicó todos sus esfuerzos para lograr que el rey le nombrara su sucesor, y para atraer de su parte y ganarse la confianza de aquellos nobles más poderosos que no le odiaban. Todo estaba dispuesto. Tan sólo faltaba que la enfermedad del rey acabara con su vida de una vez por todas, sin embargo, algo inesperado, casi milagroso, sucedió antes de eso, pues la reino Margaery se quedó embarazada y dio a luz un hijo varón, un heredero para el trono de Sindoria.

Ainur logró sobrevivir dos años más antes de sucumbir a la enfermedad que le había asolado toda su vida, y cuando lo hizo, su esposa se convirtió en reina regente hasta que su hijo, al que habían llamado Bradock, alcanzase la edad para poder gobernar. En ese momento Reimund volvió a utilizar su astucia, y con el pretexto de ofrecer consuelo, apoyo y consejo a la reina, se acercó a ella. Durante todo un año estuvo a su lado, aprovechando su juventud y su vulnerabilidad para ganarse su confianza del mismo modo como se había ganado la confianza de Ainur. Delante de otros nobles la aconsejaba en asuntos de estado, pero en la intimidad le hablaba de toda clase de conspiraciones por parte de algunos nobles para asesinar a su hijo y así arrebatarle el trono. El miedo hizo que la reina sucumbiera a sus encantos y a la promesa de protegerla a ella y a su hijo para que pudiera alcanzar la mayoría de edad y ser rey, de modo que aceptó cuando Reimund le propuso matrimonio.

Convertido en regente, Reimund volvía a estar muy cerca de alcanzar su sueño y ser rey. Una vez más se armó de paciencia y esperó. Si Bradock era hijo de Ainur, había una gran posibilidad de haber heredado su enfermedad, y tarde o temprano acabaría sucumbiendo a ella, como había hecho su padre. Por desgracia para él esperó y esperó, y el paso de los años no reveló enfermedad alguna en el cuerpo de Bradock, así que decidió envenenar al pequeño Bradock. Tenía seis años cuando, una mañana, su madre acudió a su lecho para despertarle y lo encontró muerto, con el rostro rígido, pálido y los ojos morados.

Reimund empleó de nuevo su astucia para crear una distracción, e hizo responsable de aquello a un grupo de asesinos enviado por Magwyn, quien llevaba ya años planeado su venganza contra los Sindar. De ese modo mató a dos pájaros de un sólo tiro. Por un lado logró convertirse en el rey de Sindoria, y por el otro, todos los nobles del reino acudieron con sus ejércitos a su llamada para marchar hacia el suroeste y acabar de una vez por todas con los Hildar. Aunque el ejército de Sindoria logró derrotar a los elfos de nuevo y quitarles el castillo de Kale y las tierras situadas al noreste de Daelniar, no lograron asesinar a Magwyn, quien huyó definitivamente a las profundidades del bosque de Elodriel.

La nueva capital y el castillo de Gromhildar

Como primer rey de la dinastía Ribedwald, antes de morir Reimund trasladó la capital del castillo de Sindor a Gromhildar, cambió el blasón de su casa por el de una ciudadela plateada, e inició la construcción del magnífico castillo de Gromhildar. Un castillo que no terminaría de construirse hasta cien años después, durante el reinado de su bisnieto Reimund III.

El Tratado de Lumenor

Aunque las derrotas sufridas por Magwyn habían enseñado a los elfos temer a los humanos, a lo largo de los siglos siguientes hubo una serie de guerras muy largas y sangrientas entre Sindoria y varios reinos elfos de Elodriel. Como la Guerra de los Cedros (2806 S.E), La Guerra del Cenagal (2936 S.E), o las guerras por las minas de Khru (3064 - 3193 S.E). No fue hasta el reinado de Helghen Ribedwald el Pacificador, en el año 3306 de la Segunda Edad, cuando se logró firmar una amnistía duradera, por parte de todas las razas habitantes de Thaldorim (salvo los gigantes y los orcos, quienes aún no habían llegado para establecerse en Khoradmar).

El tratado se firmó en Lumenor, la ciudad de los serafines. Helghen logró que acudieran los reyes de los reinos más importantes de Thaldorim, muchos enfrentados entre sí, otros odiándose debido a largas disputas del pasado. A pesar de ello los convenció con un discurso largo y emotivo de que debían dejar de lado las viejas rencillas y aprender a vivir en paz y armonía. En muchos de los documentos que hablan ese momento, sus autores describen a Helghen como alguien que es capaz de hipnotizar a los demás con simples palabras. Sin duda el rey tuvo que emplear unas palabras especiales para lograr convencer a todos los reyes de firmar una paz mundial.

Para conmemorar su logro, Helghen mandó construir uno de los monumentos más importantes que existen en Gromhildar; La Fuente de la Concordia. Un monumento que situó en la plaza central de la capital de Sindoria, y que consta de una fuente en cuyo interior están las estatuas de dos hombres, una serafín, un elfo y una elfa, y dos enanos.

Aunque el Tratado de Lumenor logró algo que no había existido jamás en la historia de Erodhar, una paz total entre todos los reinos de Thaldorim, al cabo de los años, tras la muerte de Helghen, las viejas rencillas regresaron y el Tratado de Lumenor se acabó por romper.

La Guerra de los Titanes

Cuando estalló la Guerra de los Titanes y se formó la Gran Alianza Nórdica para derrotar a Valanor el Nigromante, en Sindoria reinaba uno de los reyes y héroes más grandes que ha conocido este linaje, desde los tiempos de Declan y Reimund. Ricardo Ribedwald era un hombre cortés, un líder nato, un guerrero diestro y un gran estratega. Su arrojo en la batalla había traído gloria a Sindoria al vencer a un ejército invasor de guerreros Sarr en la batalla de Vado Viejo. Cuando los paladines del Martillo Celeste y Valorian le pidieron que se uniera a la Gran Alianza Nórdica para luchar contra Valanor, no lo dudó ni un instante. Aunque su reino no había sufrido aún la cólera del nigromante, sabía que si no le detenían tarde o temprano Sindoria también acabaría sufriendo el horror del brujo más oscuro de la historia.

El destino quiso que el último rey Ribedwald, al igual que el primero, fuera un hombre cuyo nombre quedaría en las memorias. Tras la muerte de Ricardo en la batalla de Lumenor, y el matrimonio de su hija Arianna con el rey Valorian Nomenglaus, la unión de los reinos de Arnom y Sindoria puso las bases de lo que más tarde se convertiría, en el concilio de Alto Avlen, en El Reino Unido de Aldaeron, poniendo fin a un linaje de reyes que había durado más de dos milenios.



Actualidad:

Familia de LADY AYLEEN I DE RIBEDWALD, señora de la Provincia de Dunhold desde el año 1455 de la Tercera Edad.

—Su esposo, [LORD Almerón] de la casa Ribedwald, fallecido a los cuarenta y dos años.

—Sus hijos:
—JAMES, de quince años, es el heredero de Sindoria. Sirve al príncipe Varian como escudero.
—EVA, de catorce años.
—SIBILA, de once años.
—RENARD, de ocho años.

—Hermanos:
—[EDMUND], muerto en la batalla de Anghedor, en 1445, a los treinta y un años.
—[BRANDON], muerto en la batalla de Anghedor, en 1445, a los veinticinco años.
—VARIAN, príncipe heredero al trono de Aldaeron, de veintitrés años.

Árbol Genealógico
(1201 - 1457)
Link: http://sia1.subirimagenes.net/img/2014/07/11/140711024541502627.jpg

SI TE HA GUSTADO EL ARTÍCULO COMPÁRTELO Y SÍGUEME